Instituto Naciona Mejia | Sitio Oficial

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NUESTRO ORIGEN

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Ante varias complicaciones entre el Estado y la Iglesia Católica, el visitador provincial Bernón, religioso encargado de la educación ecuatoriana, envía el 29 de enero de 1896 la orden definitiva de clausurar las clases en todo el país. Por ello es de suponer, pues no se han encontrado las informaciones respectivas, que los docentes no religiosos del Beaterio fundan desde los primeros días de febrero de 1896 un nuevo centro educativo, de manera no oficial, como Instituto Normal Mejía. Esta fundación inicial fue una reacción oportuna a la estrategia clerical de negarse a dar educación. 

La creación oficial del Mejía inicia con la sesión ordinaria del 27 de enero de 1897, donde se da lectura a esta solicitud: “La de los profesores del Instituto Normal “Mejía”, pidiendo la erección de ese plantel, bajo bases que aseguren su estabilidad”. Sin ninguna dificultad, este pedido pasa a la Comisión 1ª de Instrucción Pública. La cual posteriormente responde: “Art. 1º – Establécese en la Capital de la República el Instituto Normal Mejía que comprende las siguientes secciones: 1ª Pedagogía o Enseñanza Normal y preparatoria para Institutores de Enseñanza Primaria; 2ª Enseñanza Secundaria común y especial de conformidad con la Ley de Instrucción Pública” (Decreto de la Comisión 1ª de Instrucción Pública de la Asamblea).

Y después de seis meses, a la segunda hora de la sesión ordinaria del 1º de junio de 1897, se aprobó la redacción de algunos decretos, entre los que destaca este: “3º – El que crea en la Capital de la República un Establecimiento de enseñanza, denominado “Instituto Normal Mejía”. En el art. 2º de este decreto, á propuesta el Sr. Coronel, se agregó después la palabra “gabinetes” y “museos”.”. 

El llamativo término “Normal”, que hemos visto algunas veces, responde a la necesidad urgente de cubrir la demanda de profesores para sustituir a los religiosos que cumplían esas funciones:  

No había el número de educadores nacionales suficientes para acometer la gran tarea. Se imponía la implantación de institutos normales, donde formar el magisterio nacional, y así fue como se concibió la fundación del Mejía, es decir, como un Instituto Normal. (Guerrero, 2003, p. 21) 

La particular palabra “normal” albergó una profundidad considerable que será el centro de donde partan todas las actividades, logros y metas del Mejía. Si bien el término como tal “desaparece” paradójicamente en pocos meses de creado oficialmente el Plantel, su esencia permanece incólume ante los avatares que vendrían en el camino. Se difumina, cual rayo rápido y luminoso, por las venas, almas y mentes de todos los que forman el Mejía llegando a ser su segunda naturaleza.

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